martes, 25 de marzo de 2008

Una Breve Historia del Piñón Fijo

¿Qué es una bicicleta de piñón fijo?, se preguntaran algunos. Pues, bien, la principal característica de una bicicleta de piñón fijo es la de tener una sola velocidad y una transmisión directa, es decir, que la fuerza que imprime el ciclista con sus piernas sobre los pedales se transmite directamente hasta la rueda sin ningún tipo de mecanismo intermediario tal como cambiador, tensor, o buje libre. La transmisión consiste únicamente en tres elementos: unas bielas montadas con un único plato, una cadena bien tensionada, y un solo piñón roscado directamente al buje trasero. Lo que esto significa es que siempre que la bicicleta esté en movimiento también lo estarán las piernas del ciclista quien, aplicando la fuerza o resistencia necesaria a los pedales, controlará de una forma muy precisa la velocidad de marcha y el comportamiento general de la bicicleta. Así, y dejando a un lado ventajas mecánicas relativas tales como mayor eficiencia, fácil mantenimiento y mayor longevidad, podemos decir que la transmisión directa característica de las bicicletas de piñón fijo ofrece principalmente una forma “diferente” de rodar en la cual el ciclista se encuentra en una relación mucho más estrecha e intima con su bicicleta, una simbiosis perfecta entre hombre y maquina.

Desde la invención de la bicicleta de seguridad moderna a finales del siglo XIX hasta bien entrada la mitad del siglo XX, la bicicleta de piñón fijo gozó de una enorme popularidad, sobre todo entre las clases trabajadoras, como medio de transporte urbano, vehículo de recreo en carretera, y maquina de competición en pruebas de ciclismo locales y regionales. Aun a pesar de la invención en las década de los veinte de los primeros y rudimentarios cambios de velocidad por desviador, una gran mayoría de ciclistas seguía prefiriendo las bicicletas de piñón fijo no solamente por su robustez, fiabilidad y fácil mantenimiento sino también por su precio mucho más económico y asequible. La bicicleta era, como se decía en esta época, “el caballo del hombre pobre”, utilizada a diario para desplazarse a el lugar de trabajo y en los días festivos para salir campo en grupos en los que se combinaba deporte, camaradería y una buena comida regada con cerveza o vino. La popularidad y extendido uso de la bicicleta entre las clases populares hizo de ésta una edad de oro del ciclismo de pista: cientos de espectadores acudían regularmente a los velódromos en donde se realizaban una gran variedad de pruebas, incluidas las míticas carreras por parejas de seis días, en todas ellas compitiendo con bicicletas de piñón fijo muy similares a las que se podían encontrar en las calles. Comida, bebida, música y apuestas por los diferentes corredores eran también parte integral de estas competiciones de ciclismo de pista, precursoras en cierta medida de los deportes de masas actuales.









Photos courtesy of State Libray New South Wales (AUS) and Classic Lightweight.




Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo las bicicletas de piñón fijo comenzaron a decaer drásticamente en popularidad: no solo el imparable avance de la industria del automóvil cuestionaba el papel de la bicicleta en general como medio de transporte serio, sino que los nuevos usos más recreativos de ésta como era el cicloturismo o el ciclismo de carretera demandaban un nuevo tipo de maquina: la bicicleta de 10 velocidades se convirtió por su ligereza y creciente complejidad mecánica en la maquina preferida por las nuevas generaciones de aficionados ciclistas y en todo un símbolo del progreso tecnológico e industrial en el mundo de la bicicleta. A pesar de ello, la bicicleta de piñón fijo continuo teniendo un minoritario y fiel grupo de seguidores entre los ciclistas profesionales y amateurs quienes continuaron utilizando estas bicicletas para entrenar fuera de temporada: la transmisión directa del piñón fijo no solo sirve para realizar entrenamientos más completos sino que también mejora sensiblemente la técnica de pedalada y ayuda ha incrementar la cadencia (número de pedaladas por minuto) de un ciclista. Así, sin tener que usar sus costosas y delicadas bicicletas de cambios, los ciclistas profesionales y, sobre todo, amateurs reutilizan sus viejos cuadros de carretera para construirse bicicletas de piñón fijo con la que entrenar durante el invierno sin tener preocuparse con que la lluvia o sal de la carretera deterioraran rápidamente sus preciadas maquinas de competición. Fueron estos grupos y clubes de veteranos ciclistas, especialmente numerosos en las regiones centrales de Inglaterra, los que continuaron rodando con sus tradicionales bicicletas de piñón fijo, no viendo por que cambiar cuando sus maquinas se adaptaban a la perfección a sus necesidades de una bicicleta de mecánica sencilla y de probada robustez para rodar durante el invierno. Gracias a su sabiduría y amor por estas “obsoletas” maquinas, las bicicletas de piñón fijo no quedaron así consignadas a ser meras piezas de exhibición en el imaginario museo del ciclismo durante las décadas de los setenta y ochenta, sirviendo además como eslabón de enlace para que nuevas generaciones de ciclistas amateurs, iniciados ya en el deporte en la edad dorada de las 10 velocidades, descubrieran de nuevo la sencillez y elegancia de las bicicletas de piñón fijo.

En la década de los ochenta, con la entrada de las grandes marcas japonesas, la aparición de la bicicleta de montaña, y el progresivo abaratamiento de la producción de cuadros y componentes manufacturados en el continente asiático, la industria tradicional de la bicicleta experimentó un doloroso proceso de reconversión que liquidó a una gran mayoría de pequeños y medianos fabricantes europeos: la gran popularidad de la bicicleta de montaña, con su triple plato y abigarrada corona trasera capaz de dar más velocidades que las cualquiera hubiera podido antes calcular (o pensar que incluso pudiera necesitar), consolidó ante el gran público la falsa noción de “cuantas más marchas mejor” independientemente del uso que se fuera a hacer de la bicicleta. En la década de los noventa, sin embargo, la marcha imparable de la bicicleta de montaña se vio poco a poco contrarrestada por un lento pero firme retorno de la bicicleta de carretera, aunque fabricada esta vez con nuevos materiales mucho más ligeros y con diseños cada vez más singulares y únicos. La resurrección de la bicicleta de carretera, se podría argumentar, está ligada hasta cierto punto con la transformación del Tour de Francia en un gran espectáculo deportivo de alcance global. Sea como fuere, la industria de la bicicleta, gradualmente concentrada en las manos de unas pocas grandes corporaciones, encontró durante estas dos ultimas décadas del siglo el tipo de patrón de negocio que deseaba establecer para su beneficio propio: el de ofrecer unas bicicletas de grandes prestaciones pero cada vez mucho más complejas mecánicamente y de muy difícil mantenimiento por parte del usuario medio que de esta forma se veía progresivamente “alienado” en relación a su maquina. La obsesión por “el mas ligero todavía” empujaba además al usuario a un constante y costoso proceso sustitución de los componentes de una bicicleta que por material, diseño y estética iba ha revelarse “obsoleta” en menos de diez años. Las bicicletas perdieron así cualquier ápice de carácter para convertirse en nada más que otro producto estandarizado de mercado. La rebelión contra una industria empeñada en vendernos estas complejas maquinas sin carácter comenzó lentamente a fraguarse. Y en ella la bicicleta de piñón fijo iba a jugar un papel fundamental.

Así, desde mediados y sobre todo finales de la década de los noventa, la bicicleta de piñón fijo ha experimentado un inesperado resurgir fruto de la confluencia de varios factores que la han llevado a convertirla en todo un fenómeno dentro del mundo ciclismo en donde ha ganado -y continua ganando- un extenso y activo grupo de partidarios y entusiastas de esta forma “diferente” de entender y practicar la bicicleta. Entre los factores que de una forma u otra más han contribuido, en mi opinión personal, a el fenómeno del piñón fijo podríamos mencionar:

A) los mensajeros en Nueva York, otras ciudades norteamericanas y, más tarde, europeas, quienes comenzaron a utilizar las bicicletas de piñón fijo en su trabajo debido a su simplicidad y fiabilidad mecánica, así como el escaso atractivo que éstas maquinas “sin marchas” presentaban para el ladrón oportunista. A estas razones puramente utilitarias habría también que añadir la perfecta adaptación de la bicicleta de piñón fijo a rodar en un trafico urbano denso en él que se requiere una maquina con gran capacidad de respuesta para poder negociar coches y demás obstáculos con cierta precisión y agilidad, una virtud característica de las bicicletas de piñón fijo debido a su transmisión directa. Con la organización de carreras urbanas ilegales (alleycats), improvisados partidos de polo con bicicletas (bike polo), y competiciones de destreza y trucos con bicicletas de piñón fijo (skids, trackstands, y más recientemente free-styling), la comunidad mensajera ha conseguido no solo atraer la atención de un público joven y urbano, sino también ha servido como principal catalizador de toda una emergente subcultura urbana en torno a las bicicletas de piñón fijo que de esta forma, podríamos decir, han pasado a convertirse casi en un símbolo de un estilo y forma de entender la vida.

B) un diverso y no-organizado grupo de apasionados de la bicicleta y entusiastas mecánicos-amateur quienes, adoptando ciertas premisas propias del movimiento DIY (“Do It Yourself”) y valiéndose de las nuevas posibilidades de comunicación ofrecidas por Internet, proponían una vuelta a maquinas mucho más sencillas, fiables, montadas por uno mismo a partir de cuadros y componentes de fácil disponibilidad, y en las que lo importante era que la bicicleta satisficiera las necesidades reales del usuario. Así, y frente a una industria empeñada en vendernos bicicletas ultra ligeras de fibra de carbono o componentes construidos con formas y materiales cada vez mas exóticos pero de difícil mantenimiento e imposible reparación, todo ello además a unos precios exorbitantes, se invitaba a miles de ciclistas a que escaparan de esta lógica impuesta por las grandes corporaciones y a que redescubrieran el inmenso atractivo de las bicicletas más tradicionales en todas sus formas y variantes entre las que, sin duda, se encuentra la bicicleta de piñón fijo. La satisfacción que produce el montarse uno mismo su propia bicicleta ajustada a sus necesidades y gustos personales, conociendo su mecánica y siendo capaz de mantenerla en buen orden y funcionamiento, es algo que ninguna gran marca de bicicletas puede ofrecer ni que tampoco se pueda comprar.



















C) el irreversible auge experimentado desde mitad de los 90 por la bicicleta como medio de transporte alternativo en los grandes centros urbanos. Estrechamente unido con movimientos ecologistas, las primeras concentraciones ciclistas ("Critical Mass" o Bici Critica) que tuvieron lugar en San Francisco (USA) a principios de los 90 y que posteriormente se extendieron a distintas ciudades de todo el mundo lograron que la bicicleta volviera a la atención pública como una forma eficiente, saludable y ecológica de desplazrse por las ciudades: el gradual pero constante incremento del número de ciclistas urbanos que ha tenido lugar en estos últimos años tanto en Estado Unidos como en Europa ha creado una nueva demanda por un tipo de bicicleta mucho más confortable, practica y de sencillo mantenimiento. Las olvidadas virtudes de las bicicletas tradicionales de ciudad y paseo, que habían estado confinadas a Holanda, Países Bajos, Alemania y Escandinavia, han vuelto a ser apreciadas por una nueva generación de ciclistas urbanos atenta, principalmente, a nuevos criterios como utilidad y estilo más que ligereza y complejidad.

8 comentarios:

pe73r dijo...

molaria saber kien invento el derrape.. hace un siglo se hacian competicines de enganchar un moneda mientras se derrapaba y cosas asi. pero kien lo llevaria a la ciudad?? hablamos por aki bui#ien.. el nano con dolor de muelas y el finde ke viene rollapoluzza

Rhodo dijo...

El piñon fijo, sobre todo en la ciudad, lo veo amenazador puesto que "nunca podés dejar de pedalear". Ante cualquier circunstancia no se puede parar la cadencia. Otra cuestión es el frenado: ¿se puede realmente frenar este tipo de bicicletas simplemente ofreciendo resistencia a las palancas de los pedales? mhhh... un peligro.

Publicola dijo...

Hola Rhodo! Gracias por tus comentarios: el piñón fijo sí que se puede utilizar sin ningún tipo de problema, como lo hacen unos cuantos miles de ciclistas en muchas ciudades del mundo. Todo depende del desarrollo que lleves. Si estas acostumbrado a la bicicletas de pista con desarrollos muy largos, en los que cuesta empezar a moverse pero luego coger mucha velocidad e inercia, no es ciertamente lo más apropiado. Cualquier desarrollo entre las 50-70 pulgadas de distancia por pedalada es más que suficiente para ir por ciudad con comodidad y velocidad. Con respecto a la cuestión de los frenos, el tema es un tanto polémico y ha sido fruto de muchas discusiones entre los defensores de ir sin frenos y solo utilizar el sistema de frenado contrapedal y los que prefieren ir con un freno delantero para ayuda / casos de emergencia. Un ejemplo es suficiente: en Inglaterra una bici de piñón fijo con freno delantero es reconocida por la ley como un vehículo apto para rodar en la vía pública, ya que la transmisión directa se considera un sistema de freno. Otro apunte, esta vez relacionado con la física, la distancia de frenado de una bici de piñón fijo con freno delantero y una bici de carretera con dos frenos es tan similar que no es base suficiente para decir que una las bicis de piñón fijo son inseguras debido a la mayor distancia de frenado. Sheldon Brown explica perfectamente las fuerzas y factores de física que intervienen en el frenado. Si te ha interesa el mundo del piñón fijo o te apetece aprender más, puedes ir a visitar la siguiente pagina web www.simplifika.tk donde encontrarás unos cuantos artículos traducidos sobre el piñón fijo y un foro de aficionados a estas bicis... Un saludo.

sindändùne dijo...

Muchas gracias por el artículo, me han encantado. Hace tiempo que conozco las bicis de piñón fijo, pero hace poco un amigo se hizo una y me la dejó,y en fin, 'me he contajiado'. Yo soy el siguiente.

Estuve hace poco en Tucson y en San Francisco, y no te imaginas cuantas fixies se ven por allí!

Salud y pedal.

sindändùne dijo...

PD: he enlazado el artículo aquí:

http://britpopcorn.com/blog/fixies/

Rubenest dijo...

Muy buen artículo, mucha información.

Rhodo, tienes que probarlo. Hasta que se te pone la pierna del tamaño de un elefante cuesta frenar un poco, pero luego haces lo que quieres con ella.

Salud a todos.c

Nelson dijo...

Hola, hace unas semanas estuve de vacaciones por Thailandia donde vi pasar a un par de temerarios con este tipo de bicicletas y realmente me volaron la peluca. Me encantaria armarme una, alguien me podria pasar mas data de que tipo de cadena se necesita? las cubiertas deben ser lisas? saben como se llaman esas llantas con el talon alto?......muchas gracias!!!!

Pedro Ure Gomez dijo...

Yo tengo mas de medio año usando una rin 26, con una relación 48/22, y es comoda de manejo, la cadena que uso es de bmx, por lo robusta que es.